lunes, 3 de enero de 2011

La navidad en el mercado


unes, 03 de Enero de 2011 / 13:26 h

La navidad en el mercado

La Navidad es además de una palabra un amasijo de acuerdo políticos imperiales,
es parte del proceso de asimilación del cristianismo por el Imperio Romano y es asimilación, absorción y dominación lo que Roma ejecutó sobre el cristianismo y los cristianos. Hemos de saber que a partir del año 325 d.C. el cristianismo se convirtió en la religión del Imperio Romano y, siendo así las cosas, éste tenía que ser además de la religión del imperio la religión de todo el mundo porque no era posible que alguien tuviera una religión diferente a la de Roma; así es como nace el Catolicismo porque católico quiere decir “universal” y esta decisión política fue, al mismo tiempo, teológica, eclesial y religiosa.

En este mismo ámbito de acontecimientos, Jesús dejó de ser un judío desconocido muerto durante el reinado de Tiberio y pasó a ser un Dios y su madre, una humilde mujer judía dejó de serlo y pasó a ser la Reina de los Cielos; todo este fascinante proceso ideológico fue parte genial de la política del emperador Constantino que adoptó al cristianismo para que sirviera de cemento ideológico al decadente Imperio Romano, por eso es que en nuestra infancia se nos decía que éramos católicos, apostólicos y romanos y nunca nadie nos explicó nunca por qué es que éramos romanos aunque las razones parecen estar claras viéndolas históricamente.

Si Jesús era el Cristo para el imperio era importante saber de donde venía y entonces José dejó de ser el carpintero de Galilea y Jesús dejó de ser su hijo para convertirse en el hijo de Dios, este filtro político dio origen al problema de La Trinidad porque entonces quién era el padre y quién era el hijo y quién era más poderoso, de este enredo surge la figura del padre, el hijo y el espíritu santo, tres personas divinas y un solo dios verdadero. La figura trinitaria generó grandes conflictos ideológicos, políticos y militares y llevó a la muerte en la hoguera a Miguel de Servet.

Por supuesto que dentro de toda la ideología imperial y teniendo en cuenta la inteligencia política de los gobernantes romanos, se tornó necesario que el nuevo dios fuera aceptado, entendido y asimilado por el pueblo todo y decidieron celebrar su nacimiento. El problema era que se trataba, en realidad, de un judío simple y del pueblo del cual no había ningún dato fidedigno, ni hay todavía y, así las cosas, la sabiduría política indicó a tan sagaces gobernantes que era conveniente aprovechar las fiestas Saturnales, fiestas paganas de larga duración, en honor al dios de la vida y la agricultura para situar ahí, en el mes de diciembre, el nacimiento del nuevo Dios. Se trataba de La Natividad, del nacimiento y así, lentamente la decisión se fue convirtiendo en tradición europea y los detalles fueron apareciendo y se llamó entonces nacimiento a una serie de figuritas que representaban una escena de un nacimiento de un niño, este niño era justamente el Niño Dios.

Tratándose de una decisión del más poderoso imperio conocido se entenderá que el resto de pueblos asimilaron la costumbre y nuestros pueblos mayas, aztecas y pipiles al ser derrotados militarmente por las hordas invasoras europeas en 1492, también se encontraron con una tradición que debían asimilar y así las generaciones venideras nos fuimos encontrando con lo que ya se llamaba “noche buena”.

Esta relación imperial con la navidad no tiene actualmente resonancia cultural pero sí raíces importantes y lo que caracteriza hoy el período llamado de navidad es el control que el mercado ejerce de manera total y absorbente sobre la celebración.

Esta ha perdido todo sentido religioso, todo significado de fe y los símbolos cristianos han sido convertidos en mercancía ante el silencio inconveniente de las jerarquías católicas, la fe es una mercancía, Jesucristo otra mercancía, la cruz otra mercancía, la noche buena y la navidad la mercancía mayor y el proceso de convertir el período final del año en el reino mercantil ha sido completado hoy cuando el mercado cubre todo el planeta y convierte al ser humano en un consumidor dejando de ser un comprador.

Un comprador es el que adquiere lo que necesita y un consumidor es el que adquiere lo que desea aunque no lo necesite, esta es la diferencia crucial entre ambas figuras y cuando una persona es mutada en consumidor deja de valer como persona y vale nada más por lo que adquiere, por eso es que el mercado es el enemigo principal de la humanidad y es el poder al que se enfrentan, aun sin saberlo, todos los seres humanos de buena voluntad, todos los cristianos verdaderos, toda jerarquía digna y todo aquél hombre y mujer que considere que la gesta del hombre de galilea sigue teniendo algo que decir a la humanidad.

Podemos pensar que las iglesias tienen cuentas pendientes con la lucha que defiende a los valores cristianos de los tentáculos mercantiles y el silencio frente a este fenómeno favorece la mercantilización encendida de esta época encendida.

Por supuesto, que nosotros vemos el cristianismo desde América Latina a través de los ojos y la palabra de Monseñor Romero y no a través del sometimiento cristiano a la legislación y administración del imperio romano, no somos de los que pensamos que dios está en el cielo, en la tierra y en todo lugar a la usanza medieval sino de los que pensamos que dios es amor, en el fondo reivindicamos el papel del amor en la lucha social y lo entendemos como un hecho social y como un producto de relaciones sociales, porque toda lucha en beneficio de otro y otra es un acto de amor. Si el crucificado es justamente eso es necesario defenderlo de los tentáculos llenos de lodo, fango y llanto del mercado.

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