Análisis, reflexión, praxis: el papel de las universidades. Por Carlos Gregorio López Bernal Historiador Universidad de El Salvador
El 19 de noviembre de 1979, Ellacuría continuaba con el tema. Su diagnóstico era duro pero certero. Decía que la UES tenía mucho talento, buenos profesores, "pero apenas pueden trabajar por la tremenda presión política... por la excesiva politización".
Desde hace unos meses realizo una investigación sobre la Universidad de El Salvador en los archivos del CIDAI en la UCA. Es paradójico que, para investigar sobre la UES, por hoy me sirvan más los archivos de la UCA sobre el conflicto armado; por cierto, muy bien resguardados.
Hacia 1978 y 1979, el país estaba sumido en el caos provocado por el agravamiento de la crisis del país y la incapacidad política del gobierno de Carlos H. Romero. La UES vivía en crisis cuasi permanente. Intervenida por el gobierno a través del CAPUES y asfixiada financieramente. Además, desde mediados de la década, diferentes organizaciones estudiantiles ligadas a los frentes de masas de las organizaciones político-militares (OPM) se disputaban la hegemonía universitaria y confrontaban con el gobierno y con las autoridades. De ello da cuenta una gran cantidad de publicaciones, panfletos, periódicos y comunicados Son tantos y tan diversos, resultan confusos.
Afortunadamente, encontré en el archivo personal de Ignacio Ellacuría una colección de escritos en los que el jesuita hacía un análisis de lo más importante acaecido en el país cada semana. Varias de esas notas aluden a la UES. Con la ventaja que daba la distancia y haciendo gala de su proverbial entendimiento de lo político y lo académico, Ellacuría reflexionaba sobre los problemas de la UES.
Varios aspectos quedan claros en esos documentos. Ellacuría muestra una sincera preocupación por la situación de la UES; entendía que la UCA no podía ni debía competir con la UES, cada una debía aportar a la sociedad desde su especificidad. Era consciente de que la historia y la naturaleza pública de la UES ponía sobre ella retos particulares. Deja en claro que al menos desde la intervención militar de 1972, los sucesivos gobiernos habían manejado muy mal su relación con la UES, con lo cual simplemente habían favorecido la radicalización política de estudiantes y docentes. Pero también señalaba los problemas internos que venían corroyendo a la institución desde hacía años.
Hacia finales de 1978 la gestión del CAPUES en la UES estaba en crisis: abundaban los abusos, el autoritarismo y la corrupción. La Asamblea Legislativa dio el decreto 108 que devolvía la autonomía. Sin embargo, para 1979, la institución salía de una crisis para caer en otra. Y ya no se podía culpar a la intervención gubernamental; simplemente era víctima de disputas internas.
El 29 de junio del 79 el rector Eduardo Badía renunció ante la evidente ingobernabilidad provocada por las organizaciones estudiantiles. En ese contexto, Ellacuría recriminaba a dichas organizaciones anteponer sus proyectos a la Universidad. "Como en la Universidad es fácil el grito, la pintada, la utilización de la fuerza, se va a la Universidad a jugar de revolucionario, no porque en la Universidad se esconda la revolución, sino porque en la Universidad es fácil jugar a la revolución" (27/06/1979).
El 19 de noviembre de 1979, Ellacuría continuaba con el tema. Su diagnóstico era duro pero certero. Decía que la UES tenía mucho talento, buenos profesores, "pero apenas pueden trabajar por la tremenda presión política... por la excesiva politización". Hacía un llamado a unir fuerzas dentro y fuera de la institución para reconstruirla. Señalaba que las organizaciones populares tenían suficiente fuerza para impulsar los cambios, y la Universidad debía dedicarse a lo suyo. "No estamos pidiendo que la Universidad deje de incidir en el cambio y en la revolución". Más bien pedía que aportara desde la ciencia, la reflexión y el pensamiento crítico. "Como refugio de partidismos políticos no representa sino algo secundario, algo sustitutivo. Como Universidad presentaría algo insustituible".
No es que Ellacuría estuviera en contra de la izquierda ni del proyecto revolucionario. Tampoco ignoraba cuánto la UES había sido maltratada por sucesivos gobiernos. Pero no aceptaba que, en aras de un proyecto político, la Universidad perdiera su talante académico y su capacidad crítica, no solo contra el "sistema", sino contra todo aquello que atentara contra la razón. Lastimosamente, hacía ratos que la irracionalidad política campeaba en el país, como bien lo probaría el asesinato del filósofo diez años después. Valdría la pena reflexionar sobre el papel de la UES hoy en día, políticamente inmovilizada, con un potencial académico importante, pero con poca incidencia social.
Fuente : La Prensa Gráfica 19 de julio de 2023 en : https://shre.ink/7fGk

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