SALUD MENTAL DE JÓVENES: PEOR EN PAÍSES DEL PRIMER MUNDO
La paradoja del "progreso":
El informe subraya una contradicción central: los países más ricos (con mayor tecnología, infraestructura y gasto en salud mental) presentan los peores resultados entre los jóvenes. Esto cuestiona la idea de que el progreso económico y tecnológico se traduce automáticamente en bienestar psicológico.
El informe muestra un deterioro profundo y sostenido de la salud mental en las generaciones jóvenes (18–34). Mientras los adultos mayores de 55 años mantienen un MHQ ( Cociente de Salud Mental) estable alrededor de 100 (el nivel esperado), los jóvenes caen a un promedio de 36, con un 41% enfrentando dificultades clínicamente significativas. Esta brecha generacional no es nueva: comenzó antes de la pandemia, se agravó durante ella y no ha mostrado recuperación real.
Patrón global, peor en países ricos:
Aunque el deterioro aparece en todos los países con acceso a internet, la situación es especialmente grave en las naciones más ricas. Los jóvenes de África subsahariana presentan las mejores puntuaciones, mientras que los de Europa occidental, Japón, Corea del Sur y Nueva Zelanda están entre los peores. No existe correlación entre la salud mental de jóvenes y mayores dentro de un mismo país, lo que indica trayectorias generacionales divergentes.
Tendencias estancadas y aumento del malestar severo
Desde 2019, las puntuaciones de los mayores se mantienen estables, pero las de los jóvenes muestran una caída marcada durante la pandemia y apenas una recuperación marginal. El porcentaje de personas clasificadas como “Angustiado/Luchando” (con síntomas clínicos múltiples) continúa aumentando, lo que sugiere un empeoramiento estructural y no circunstancial.
Cuatro factores explican gran parte del deterioro:
El informe identifica cuatro mecanismos que, combinados, explican cerca de tres cuartas partes del deterioro en jóvenes:
- Vínculos familiares debilitados, con una caída notable en la cercanía reportada por jóvenes frente a mayores.
- Disminución de la espiritualidad, asociada a peor salud mental y más marcada en países occidentales.
- Uso de smartphones a edades tempranas, especialmente antes de los 13 años, vinculado a agresión, pensamientos suicidas, peor cognición social y mayor exposición a riesgos.
- Consumo elevado de alimentos ultraprocesados, que duplica al de los mayores y se asocia a depresión y menor control emocional.
El gasto en salud mental no está resolviendo el problema:
A pesar de inversiones masivas en investigación y tratamiento, los resultados no mejoran. Los países con mayor gasto no muestran mejores indicadores. El informe concluye que el enfoque actual trata síntomas, no causas, y que se requiere un cambio estructural hacia intervenciones que modifiquen los factores ambientales que moldean la mente joven.

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