UN CASO DE CÓMO LAS UNIVERSIDADES DE COSTA RICA SON LAS MEJORES DE CENTROAMÉRICA Y DEL CARIBE

 "En suma, las universidades de Costa Rica son las mejores de Centroamérica y del Caribe porque han promovido proyectos académicos de altísimo nivel."

A principios de la década del 2000 tuve la dicha de realizar mis estudios doctorales en la Universidad Nacional de Costa Rica y compartir andanzas y malandanzas académicas, y de vida, entre otros académicos de primera línea en la región, con el Dr. Luis Rivera, filósofo costarricense que había sido alumno de Néstor García Canclini y escrito su tesis sobre el pensamiento temprano de este intelectual argentino-mexicano.

Luis Rivera venía de formación, lecturas y militancias de izquierda, y su voluntad de saber y la proximidad al Canclini de la década de los 80 lo habían decantado más hacia los versátiles e incomprendidos estudios culturales. De hecho, Luis Rivera desarrolló la cátedra, pomposamente llamada, Epistemología de los estudios de la cultura, para los profesores centroamericanos del Doctorado Interdisciplinario en Letras y Artes (DILAAC).

Entre los estudiantes, todos de las Humanidades y Ciencias Sociales, como buenos hijos de universidades públicas centroamericanas en su mayoría, veníamos formados académicamente con lecturas de manuales escritos por Afanasiev, Leontiev, Rosental e Iudin, Aníbal Ponce, Marta Harnecker, Makarenko, Malinowski, Brecht, Althusser y otros en las mismas líneas. Todos los estudiantes éramos profesores universitarios con estudios de maestría en nuestras especialidades y áreas afines a las letras, artes, filosofía, artes escénicas, lingüística, comunicación, historia, sociología y derechos humanos. Llegamos, los centroamericanos, de países que habían vivido largas y férreas dictaduras militares y procesos de guerra civil o de revolución que habían “orillado” a los intelectuales al compromiso político; en suma, con un perfil claro: ser intelectual es ser de izquierda.

¿Y los compañeros costarricenses no son centroamericanos? Fue una pregunta en silencio en todos cuando nos llamaban compas, pero no se asumían centroamericanos. Nadie o casi nadie cuestionó la diferenciación, salvo un chapín, bien nacido de las letras (nieto de Francisco Méndez, escritor), que ya había hecho la maestría y había continuado el doctorado. Por lo demás, la pregunta se quedó con los signos de interrogación, tanto de entrada como de cierre, como debe ser. Los “ticos”, desde que eran “paso de mulas” y tras los sucesos de don Pepe Figueres, construyeron una historia alejada del realismo trágico de la región y se saben diferentes a los demás países de Centroamérica.

El programa de doctorado, promovido y dirigido por la poeta e intelectual Dra. Magda Zavala, financiado por la Agencia de Cooperación Noruega (NUFU), se volvió un lugar de encuentros y desencuentros de ideas, estéticas, imaginación y voluntades. Una agenda conectada tanto a la Latin American Studies (LASA) como a Casa de las Américas, en donde las geografías no marcan proximidad ni distanciamientos, principalmente en las cátedras de Luis Rivera, pero también en las publicaciones del programa y los invitados o conferencistas, entre los que hay que destacar al mismo Canclini, Yúdice, Jacobo Schifter y otros. Las lecturas de los grandes autores de la Escuela de Frankfurt, del Centro para Estudios Culturales Contemporáneos de Birmingham y del posestructuralismo francés fueron la defensa; la media cancha, Stuart Hall, Frantz Fanon y Mariátegui; con una delantera de lujo con Aníbal Quijano, Walter Mignolo y Enrique Dussel. En la banca: Castro-Gómez, Lander, Katherine Walsh, Grosfoguel, Coronil y Maldonado-Torres.

El trabajo de fin de curso, con semejantes lecturas, fue dialogar en un ensayo con Beatriz Sarlo, Nelly Richard o Carlos Reynoso. Fue un trimestre de choque; algunos quisieron regresarse, otros se retiraron o quedaron pendientes (P).

En suma, las universidades de Costa Rica son las mejores de Centroamérica y del Caribe porque han promovido proyectos académicos de altísimo nivel; han internacionalizado sus programas con los grandes centros del saber occidental; han gestionado los financiamientos de la cooperación internacional; tienen la asignación presupuestaria más alta del Estado en la región; desarrollaron una cultura académica en donde la investigación y las publicaciones son el centro; y han promovido un escalafón y modelo educativo en torno a la investigación. Es decir, en buena medida pasaron del modelo universitario napoleónico profesionalizante al modelo investigativo.

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