EDUCACIÓN : En defensa de la memoria

 

Arantza García

Defender el valor del aprendizaje memorístico no significa promover la repetición mecánica, sino reconocer que el cerebro humano necesita construir una base sólida de conocimientos almacenados para poder razonar, analizar y crear.

Durante décadas, la educación ha vivido un intenso debate en torno al papel de la memoria en el aprendizaje. En muchos discursos pedagógicos contemporáneos, memorizar se presenta como una práctica del pasado: repetitiva, mecánica y poco creativa. En contraste, se exalta el aprendizaje basado en competencias, proyectos o pensamiento crítico. Sin embargo, esta contraposición es en gran parte artificial. Numerosos estudios en psicología cognitiva y neurociencia educativa muestran que la memoria no es el enemigo de la comprensión, sino una de sus condiciones fundamentales.

En realidad, aprender implica necesariamente recordar. Sin memoria, no hay conocimiento acumulado ni posibilidad de pensamiento complejo. Defender el valor del aprendizaje memorístico no significa promover la repetición mecánica sin sentido, sino reconocer que el cerebro humano necesita construir una base sólida de conocimientos almacenados para poder razonar, analizar y crear.

La memoria es la estructura en la que se basa el pensamiento. Cuando una persona razona, toma decisiones o resuelve problemas, lo hace a partir de conocimientos previamente almacenados. También es un componente transversal del aprendizaje, ya que sin esa información previa que tenemos en nuestro cerebro, no podríamos afrontar problemas o tener ideas nuevas.

Este es también uno de los principios básicos de la psicología del aprendizaje: el cerebro no razona en el vacío. Un estudiante tiene que contar con una base de conocimientos para seguir aprendiendo. Por esta razón, diversos expertos sostienen que la memorización no debe entenderse como un nivel inferior del conocimiento, sino como una fase imprescindible para acceder a niveles más complejos de comprensión.

En los debates educativos actuales, a menudo se plantea también que un estudiante que se limita a memorizar una materia no es capaz de desarrollar pensamiento crítico. Sin embargo, esta oposición es engañosa. Pensar críticamente implica comparar información, analizar argumentos y evaluar evidencias. Para hacerlo, el cerebro necesita disponer de conocimientos previos. Sin una base sólida de datos el pensamiento crítico se vuelve superficial.

Una de las críticas más habituales al aprendizaje memorístico es que fomenta la repetición sin comprensión. Sin embargo, los investigadores advierten de que el problema no es la memoria en sí, sino su uso aislado. El pedagogo José Ángel Rojas describe la relación entre memoria y comprensión como una «tríada cognitiva» formada por retención, memorización y comprensión. Según este enfoque, la memorización funciona como un puente entre el conocimiento inicial y el entendimiento profundo de los contenidos.

 En otras palabras, memorizar no es el final del aprendizaje, sino su punto de partida. Para comprender una ecuación matemática, primero hay que recordar las reglas básicas del álgebra. Para analizar una obra literaria, es necesario dominar vocabulario, contextos históricos y conceptos narrativos. El problema aparece cuando la memorización se convierte en un fin en sí mismo y se limita a repetir datos sin integrarlos en un sistema de conocimiento. Pero esto no significa que memorizar sea inútil; significa que debe combinarse con otras estrategias de aprendizaje.

Lo que dice la neurociencia

Las investigaciones sobre la memoria humana han mostrado que el cerebro aprende mediante la creación de conexiones neuronales que se fortalecen con la repetición y el uso. Uno de los estudios clásicos sobre el funcionamiento de la memoria fue el realizado por el psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus en el siglo XIX. Sus experimentos demostraron la llamada «curva del olvido», según la cual la información que no se repasa tiende a desaparecer rápidamente de la memoria. A partir de estos hallazgos surgieron métodos de aprendizaje basados en la repetición espaciada, que consisten en revisar los contenidos en intervalos progresivos para consolidarlos en la memoria a largo plazo.

Hoy sabemos que este proceso es fundamental para el aprendizaje. El cerebro necesita repetir la información para consolidarla. Cada vez que recordamos un concepto, las conexiones neuronales asociadas a ese conocimiento se refuerzan. Por eso, técnicas como el repaso espaciado o la recuperación activa de información —por ejemplo, mediante preguntas o ejercicios— se consideran entre las estrategias más eficaces para aprender de forma duradera.

 Otra idea equivocada es pensar que la memoria es una capacidad fija. En realidad, puede desarrollarse si se entrena. Esto se sabe desde la antigüedad, cuando ya existían métodos diseñados para mejorar la memorización. Uno de los más conocidos es el llamado «método de loci» o «palacio de la memoria», utilizado por los oradores griegos y romanos para recordar largos discursos. Consiste en utilizar lugares familiares para recordar la información, como una casa, un camino habitual o cualquier entorno que se recuerde con facilidad. Es un método que todavía hoy siguen usando muchos campeones de memoria para recordar listas de números, palabras o cartas.

La memoria funciona especialmente bien cuando se combina con elementos visuales, emocionales o asociativos. Por ejemplo, recordar una información resulta más fácil si se vincula con una imagen o una experiencia significativa.

El papel de la memoria en la era digital

En un mundo donde casi toda la información está disponible en internet, hay quien cree que memorizar ya no es necesario. ¿Para qué recordar datos si podemos buscarlos en segundos? Pero tener acceso a los datos no significa entenderlos y mucho menos saber utilizarlos.

Cuando una persona lee un texto o escucha una explicación, su cerebro conecta la información nueva con lo que ya sabe. Si no tiene conocimientos previos almacenados en la memoria, le resultará más difícil interpretar el contenido.

Además, depender constantemente de dispositivos externos para recordar información puede limitar el aprendizaje profundo. La memoria interna sigue siendo el espacio donde se integran y organizan los conocimientos.

La clave no está en elegir entre memorizar o comprender, porque ambas cosas dependen una de la otra. La educación eficaz combina ambos enfoques. Primero se construye una base de conocimientos mediante la memorización y la práctica. Después se utilizan esos conocimientos para analizar, aplicar y crear nuevas ideas. Memorizar no es un obstáculo para el pensamiento, sino una de sus herramientas principales     

 Fuente :  En defensa de la memoria. Ethic. https://ethic.es/defensa-memoria?https://shre.ink/LNEv


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