La amistad, los alumnos, una verdad pedagógica. Por Licdo Francisco Quintanilla


Hay ciertas cosas o cualidades humanas que, siendo estrictamente humanas bajo la dinámica actual del sistema capitalista neoliberal que domina en el mundo, poco a poco han sido transformadas o convertidas en mercancías.

La lógica con la que funciona el sistema capitalista ha llevado de forma progresiva a que las personas se conviertan, sin que se den cuenta, en una mercancía, pero a la vez se convierten en mercaderes de cosas que no deberían ser mercancías en un mundo propiamente humano,  una mercancía. Esos mercaderes, además, sin darse cuenta se comportan como máquinas, es decir, como mercaderes-máquinas, al estilo de lo que describe Skinner en lo que el llamó “La sociedad planeada en su brillante libro” Más allá de la libertad y la dignidad”.

Mercaderes máquinas que ejecutan una conducta si esta les produce un beneficio o una satisfacción. La amistad, en este sentido, es una conducta que realizan o muestran a alguien si les produce un beneficio, una utilidad en el más profundo sentido pragmatista.

Estos mercaderes, máquinas de la amistad y la solidaridad han sido ,clonados para que no les interese la historia de esta universidad ni de este país, y no les interesa porque ello no les produce ningún beneficio.

Repito una vez más, una de estas cualidades propiamente humanas que no debería ser convertido en mercancía es la amistad entre los seres humanos. La amistad es una condición indispensable para que sobre su base se desarrolle la solidaridad.

Tanto la amistad como la solidaridad no son cualidades humanas genéticamente determinadas, sino que son una producción histórico social. Como producción histórico-social, son el resultado principal de un proceso de educación formal, informal y no formal a que el niño y la niña se ven sometidos desde su nacimiento hasta su muerte.

Desde los anteriores planteamientos, en términos personales siempre intenté con mi quehacer académico dentro de las aulas universitarias no sólo contribuir a formar profesionales con alta calidad académica y científica, sino también contribuir a que los estudiantes que pasaron por mis aulas desarrollaran al máximo la amistad y la solidaridad con todos los seres humanos. Sin embargo, la realidad dentro del quehacer académico-universitario refleja o demuestra crudamente todo lo contrario: estudiantes que, en un 99.9% (siendo condescendiente con el optimismo) hicieron de la amistad una mercancía, es decir, en algo que...  se vende o se intercambia.

Muchos estudiantes, la gran mayoría, mostraron una aparente amistad con este profesor, pero me hablaban simplemente porque yo era el profesor, es decir, cuando me necesitaban, “su amistad” nunca fue una amistad auténtica, sino siempre una falsa amistad, la de esos 99.9%.

La anterior situación la expreso con la siguiente  imagen: la expreso como los frutos de un árbol, unos caen primero, otros caen después y algunos caen por último, pero al final todos caen, y el árbol se queda solo, pensando en qué ha pasado con el fruto de su esfuerzo, pero de nuevo, nunca pierde la esperanza de que tal vez en la siguiente cosecha algún fruto no lo dejará solo, pero lamentablemente la historia se sigue repitiendo a lo largo de los años y las décadas, hasta que finalmente el árbol ha envejecido y muere con la esperanza de que en futuros árboles sus frutos no lo abandonarán, y serán frutos contagiados de amor y de solidaridad.

Para terminar con esta breve reflexión, sin jactancia lo digo con palabras que el gran filósofo Nietzsche un día escribió, y dijo “que él había escrito para lectores del futuro, porque en la actualidad no tenía lectores que comprendieran lo que él escribía". En este sentido, las clases que impartí,  en las cuales siempre intenté hacer una síntesis dinámica y dialéctica entre el pensamiento de Ignacio Ellacuría, Ignacio Martin-Baro y Carlos Marx, fueron clases para estudiantes del futuro. Siendo ilusorio, probablemente un estudiante de cada dos mil se convirtió en un estudiante del futuro.

Una pregunta que frecuentemente me hice en clase: “¿Si valió la pena mi esfuerzo laboral para contribuir a formar profesionales diferentes con una elevada conciencia social?"

 R// La realidad me demuestra que mi esfuerzo fue casi un total fracaso, por no decir un total fracaso.

Pero la vida y la realidad así es, es como es, no como quisiéramos que

fuera.

He dicho

28/05/2026

 

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