EL DERECHO AL FUTURO. El suicidio no puede ser reducido a un síntoma aislado, a una anomalía neuroquímica, ni a un impulso individual

 Por  Leo Lema 

El suicidio no puede ser reducido a un síntoma aislado, a una anomalía neuroquímica, ni a un impulso individual. Es, en su dimensión más desgarradora, la manifestación clínica del colapso del proyecto de vida, la amputación del tiempo subjetivo y la fractura catastrófica de la red vincular.

Para Alfredo Moffatt; "La vida es un proyecto que se construye con un otro. Cuando se rompe la ilusión de futuro y la persona queda atrapada en un presente congelado, sola y paralizada, la existencia pierde sentido. El suicidio aparece entonces como un intento desesperado de interrumpir un dolor insoportable frente a la desconexión total del mundo."

La salud mental es un movimiento dialéctico que requiere sentir que transitamos desde la memoria hacia un proyecto. En la desesperanza absoluta, la dimensión de futuro se clausura, el sujeto queda atrapado en un presente insoportable y la muerte se fantasea como la única vía para detener un presente transformado en tortura.

Nuestra identidad es vincular, existimos en la mirada del otro. La sensación de soledad disuelve el tejido comunicativo. Al quebrarse el sentimiento de pertenencia, la existencia pierde su sostén subjetivo.

La tendencia hegemónica a privatizar el sufrimiento mediante el encierro asilar y la sobremedicación no brinda ninguna solución real, el psicofármaco puede anestesiar la descarga, pero no devuelve el sentido de vivir. La verdadera prevención es de orden vincular, implica devolverle al sujeto la matriz comunitaria a través del abrazo, la escucha activa y la reconstrucción grupal de la esperanza. No se cura en la soledad del consultorio lo que se enferma en el desamparo de la calle. Frente a una realidad que fragmenta los lazos y promueve la anomia, el acto terapéutico más revolucionario consiste en tejer redes de amparo popular.

 Prevenir el suicidio no es un acto burocrático, sino un compromiso ético con la vida del otro. Restituir la palabra, validar el dolor que no encuentra cauce y garantizar un encuadre grupal donde la existencia vuelva a ser alojada. Solo en el abrazo colectivo y en la restitución del derecho a imaginar un mañana será posible devolverle a cada sujeto dañado la certeza inquebrantable de que nunca estará solo.

Tomado del  facebook Pichoniana- 1968. Textos de Psicología Social.

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